El himno que le canta al alma maulina: Miguel Ángel Ducci revive el proceso creativo detrás de la obra que regaló a su ciudad
Escritor, historiador, músico e investigador talquino, Ducci recordó, en el marco del aniversario de la comuna, cómo nació esta pieza que entrelaza lo sinfónico con la sencillez del campo, en un esfuerzo por devolverle a Talca un pedazo de su memoria
TALCA - Talca se lleva en el pecho, con orgullo, se lleva en el aroma del pan amasado al atardecer, en el polvo dorado de los caminos rurales, en los apellidos que todavía se nombran con respeto y en las tardes lentas donde el río parece detenerse a escuchar. Y desde hace casi cuatro décadas, también se lleva en un himno.
Este martes 12 de mayo, la ciudad conmemora un nuevo aniversario de su fundación como Villa San Agustín de Talca en 1742, y celebra sus 284 años con actividades que rinden homenaje a sus personajes ilustres y a los elementos vivos del folclor local. Entre las tradiciones, los héroes y los rincones que han ido tejiendo la identidad talquina, dos símbolos resisten al paso del tiempo con la fuerza de lo verdadero: el escudo y el himno de la comuna. Sobre este último, su creador, Miguel Ángel Ducci, volvió a abrir la puerta del proceso íntimo que dio origen a una obra sinfónica nacida desde el amor a la tierra propia, pensada para honrar la historia de Talca y a los próceres que ayudaron a construir la cultura del país. “Yo sentí la necesidad de que Talca contara con un himno como lo tenían las otras ciudades del país. Por eso trabaje recopilando elementos identitarios de la comuna junto a historiadores y artistas; tenía que ser un paseo por los recuerdos y lugares que le dan vida a la zona”, recuerda el autor, con la voz de quien todavía siente esa misión como un encargo del corazón.
Ducci buscaba una pieza épica, capaz de sostenerse en el tiempo y para lograrlo, se apoyó en los recursos filarmónicos y orquestales que dan a la obra su carácter épico y ceremonioso. Pero detrás de esa grandeza instrumental late algo más profundo, una letra escrita con el corazón talquino. “Es magnánimo en lo instrumental”, explica el autor, mientras precisa que el texto fue concebido como un equilibrio entre lo sagrado y lo humilde, en honor al campo maulino, a sus paisajes y a la gente sencilla que ha sostenido, generación tras generación, el alma de la región. El himno no es solo una canción que se entona, es un espejo donde el talquino se mira y se reconoce. No le canta a la ciudad como quien describe un lugar lejano, sino como quien le canta a la madre, al padre, a la tierra donde nació y aprendió a querer.
A casi cuatro décadas de su estreno oficial, el espíritu que encendió la obra sigue ardiendo. Ducci confiesa que su tarea como escritor y músico hoy, es acercar a las nuevas generaciones a su identidad talquina, a su historia, que no se diluya entre miradas que dan la espalda a lo propio. Su mayor anhelo, dice, es que el legado siga viajando de boca en boca: que los nombres, los apellidos y las hazañas que dieron forma a esta tierra no se pierdan entre los ruidos del presente, y que cuando un niño talquino escuche el himno, sienta, aunque no sepa explicarlo todavía, que esa música también le pertenece.
Es la materialización de un grito desesperado por llevar el legado talquino a las nuevas generaciones. Abate Molina, Holley, Spano y Gamero se mencionan en el himno para que se siga hablando de ellos”, sentenció Miguel Angel. Porque al final, dice el autor, un himno no es solo una canción, es un puente, un puente entre quienes fundaron Talca, quienes hoy la sostienen y quienes “si las notas siguen sonando” mañana volverán a reconocerse en ella.
El himno es un puente entre el cariño a la tierra talquina y a su historia, es un grito de orgullo de que el mundo sepa ¡“que de Talca soy y lo llevo en el corazón”!




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