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Magnifica Humanitas, recogiendo la enseñanza social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial.

A propósito del aniversario número 135 de la histórica encíclica social de León XIII: Rerum Novarum, el Papa León XIV ha publicado este lunes 25 de mayo su primera encíclica de impronta social: Magnifica humanitas, recogiendo la enseñanza social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial


Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, la carta parte de la premisa que la tecnología no es una fuerza antagónica respecto a la persona, ni un mal en sí misma. Pero como siempre sucede, esta se puede manipular, respondiendo a los intereses de quien la use, de ahí la relevancia de construir humanidad en comunión para reconocer en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar. En efecto, la humanidad se encuentra ante la disyuntiva de levantar una nueva torre de Babel, o, por el contrario, edificar una ciudad fraterna junto a Dios, la Nueva Jerusalén; imágenes bíblicas que permean el objetivo del documento. 

El capítulo primero, destaca la continuidad con la Doctrina social de la Iglesia (DSI) como un cuerpo vivo que dialoga con el mundo. El texto repasa la evolución histórica desde la Rerum novarum, hasta los magisterios recientes de Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, reafirmando la idea que la Iglesia busca servir a la humanidad como el "buen samaritano".

El capítulo segundo releva los fundamentos y principios de la DSI, entendidos en medio de la era digital: la dignidad humana; el bien común; el destino universal de los bienes, incluyendo los inmateriales; la subsidiariedad: exigiendo que las instancias superiores no absorban las capacidades de las comunidades locales; la solidaridad, extendida hacia el ecosistema digital; la justicia social en perspectiva de los pobres, migrantes y refugiados. Todo en el horizonte de un desarrollo humano y una ecología integral.

El capítulo tercero resalta el concepto de paradigma tecnocrático (IA, robótica, nanotecnología), exponiendo el riesgo de hacer que la humanidad tenga más, en vez de ser más, supeditando el valor de la persona a su rendimiento, llamando a que la inteligencia, la libertad y la conciencia humana, guíen y establezcan límites a la IA. 

El capítulo cuarto invita a custodiar lo humano creando una ecología de la comunicación, evitando una cultura digital dominante. Es una invitación al pensamiento crítico y la libertad interior, y una apuesta a que sea la escuela el espacio para aprender lo que no ofrece lo digital. Se advierte que las plataformas digitales explotan las fragilidades de los usuarios, creando conformismo y control, mediante algoritmos de predicción de conducta (Neocolonialismo). 

El capítulo quinto busca responder a la cultura del poder, con la civilización del amor. Creando una resistencia activa al mal: desarmando las palabras con la verdad, rechazando categóricamente el uso del nombre de Dios o de la religión para justificar el terrorismo o la guerra, que muchas veces se normaliza a través de patrones de conducta digitales.

El documento concluye con una invitación a vivir la era tecnológica a la luz del Evangelio, adoptando un estilo de vida sobrio que permita dar testimonio de una magnífica humanidad habitada por Dios y que esa invitación nos persuada para profundizar en la encíclica, en toda su integridad.

Por: Presbítero y Dr. Luis Albornoz Olivares, decano de la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas de la Universidad Católica del Maule (UCM).

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