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El lenguaje como puente: La apuesta de la UCM por una integración real con la comunidad haitiana

El Programa de Español para Migrantes comenzará su décima versión este 2026, en este contexto, la Dra. Giselle Bahamondes, quien dirige el programa, sigue preocupada de preparar lo que será esta décima edición que lo consolida en la región. En este contexto y como parte de su propio perfeccionamiento, invitó al profesor de creole haitiano, Franco Carrasco a visitar el campamento Puerto Príncipe, la comunidad de haitianos más grande de la provincia


Franco tiene un programa de clases online para aprender creole que además difunde en redes sociales. La profesora Giselle Bahamondes lo contactó porque le llamó la atención la forma de explicar el idioma, de manera sencilla y clara. Incluso participó de las clases y las vio como una opción muy útil de apoyar a los profesores del Programa de Español para Migrantes para que ellos entiendan el criollo y puedan darle una ayuda más personalizada al enseñarles español.

Para la Dra. Giselle Bahamondes la participación de Franco es fundamental en el Programa de español para migrantes: “Franco ha contribuido en la formación de los voluntarios y profesores en formación que enseñan el español a la comunidad migrante no hispanohablante. Con una dedicación absoluta en la enseñanza del criollo haitiano, nos ha permitido conocer la lengua de las personas que atendemos y de este modo identificar las principales diferencias en la comprensión y producción las dos lenguas. Por otra parte, nos ha permitido avanzar en la especialización de los futuros profesores de lengua castellana y comunicación de la universidad. Sin duda están mejores preparados para las aulas multiculturales y para los procesos de acogida y acompañamiento de los estudiantes migrantes”.

El lenguaje como puente

En 2016 su credo le permitió conocer a miembros de la comunidad haitiana en su ciudad, Calera, en la región de Valparaíso. Franco no sabía que hablaban creole ni esperaba que al aprender este idioma iba a percibir que los haitianos eran tan amables. “Son tan felices, que es muy fácil entablar amistad con ellos. Me di cuenta que no solo los podía ayudar espiritualmente, sino que también con el idioma criollo haitiano”, recuerda.

“Siempre pensé que yo no era bueno para los idiomas, pero en el caso del criollo, influyó mucho el cariño, la alegría, las ganas que yo tenía de conectar con ellos, y cómo me fui esforzando por acercarme a ellos. Inicialmente un amigo que habla creole me enseñó cosas básicas, pero después fue tirarse a los leones. Me apoyé en libros y revistas en español que a su vez han sido traducidos al criollo haitiano. Comparaba los textos y me fijaba en la construcción. El resto fue practicar con nativos y ensayo-error. Ellos estaban siempre dispuestos a enseñarme su idioma”, cuenta Franco.

“Cuando logramos empatizar con la dificultad de la persona que, sin conocer el idioma, ha debido migrar en búsqueda de otras oportunidades, entonces, comprendemos que en nuestra condición humana compartimos necesidades y deseos que en este caso se transmiten a través de la lengua o de un código común. Interesarnos por la lengua y por la cultura de quien migra habla de lo importante que es ponerse en el lugar del otro, asumir que se encuentra en un terreno de lo desconocido y que con pequeñas muestras o gestos de cordialidad, de acogida, podemos ayudar a que su integración sea menos ruda”, explicó la académica.

Por su parte, Franco sostuvo que aprender criollo haitiano fue una experiencia maravillosa, porque ellos no esperan que personas de otros países hablen su idioma, ya que prácticamente solo en Haití se habla criollo haitiano. En consecuencia, siempre son ellos quienes deben acercarse al español. “Cuando uno trata de comunicarse con ellos, es muy bonito porque uno ve como se les ilumina su rostro y se alegran de que haya gente que valore su idioma y cultura. Aprender el criollo para mí no solo ha sido comprenderles, ha sido compartir cultura, sentimientos y formar amistades”, expresó.

Franco, además de ser profesor de creole haitiano con un programa de clases online, maneja una cuenta de Instagram @kreyolconfranco con más de 58 mil seguidores, donde comparte consejos para aprender el idioma, así como reflexiones respecto de lo que esto permite en términos sociales.  A partir de esto, la Dra. Giselle Bahamondes lo contactó porque le gustó la forma de explicar el idioma, de manera sencilla y clara. Además, vio en él una opción muy útil de apoyar a los profesores del Programa de Español para Migrantes para que ellos entiendan el criollo y puedan darle una ayuda más personalizada al enseñarles español.

“Me parece que el Programa de Español para Migrantes es increíble, porque lo que hacen es ofrecerle oportunidades y herramientas a personas que han pasado por muchos problemas. Les ayuda a desenvolverse mejor en la comunidad y ser parte de ella. El idioma español no es fácil, a través del programa se les ayuda a alcanzar nuevos objetivos, a sentirse mejor con el idioma. Es una labor muy noble. Honestamente creo que nunca podremos dimensionar el impacto que esto tiene en la vida de todas esas personas cuando logran comunicarse en español”, añadió.

Con el inicio de su décima versión, la Universidad Católica del Maule reafirma su misión de ser un espacio donde el conocimiento académico se pone al servicio de la justicia social, transformando el lenguaje en un puente indestructible de hermandad.

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